Un 25 de noviembre de 1923 un Hupmobile, la marca de autos fabricados entre 1909 y 1939 por la Hupp Motor Car Company en Detroit, partía de Mendoza a Buenos Aires, con el fin de participar del VI Salón del Automóvil. Era conducido por Romeo Maestri y su copiloto Alfonso Thomé, mecánico de profesión, y encargado de mantener en condiciones operativas al automóvil.

Tras diferentes avatares que se presentaron en el recorrido, a las 13 horas del 10 de diciembre de 1923 arribaron a destino. El Hupmobile, cubierto de polvo y barro había realizado la hazaña de unir a Mendoza con Buenos Aires en 14 días de duro trayecto.

“Muy pocos conocen mi Baquet Hupmobile 1923. Lo encontré hace años en Chacras de Coria en estado deplorable, en la casa de la familia Orsini, dueños de una gran Chacarita. No conocía su emocionante historia de ser el primer auto que unió Mendoza con Buenos Aires en 1923. Por algún motivo especial Orsini lo conservaba en su casa”, cuenta Alberto Giménez, fundador y presidente del Club de Vehículos de Colección Mendoza que lo adquirió en un paquete que incluía un Buick 1942.
El Hupmobile era un modelo con capota que realizaría el trayecto de más de 1.000 kilómetros de huellas, porque de caminos ni hablar en aquellos años de una incipiente red caminera. Muchos de estos osados pilotos fueron los que marcaron el camino para que se trazaran futuras rutas.
En la madrugada de ese 25 de noviembre comenzó la aventura que tenía como destino Buenos Aires. El primer objetivo era llegar a San Luis de la Punta de los Venados, primera etapa del largo camino que emprendió la dupla Maestri-Thomé.
Luego de pasar por la ciudad de San Luis, capital de la misma provincia, las etapas fueron las siguientes: Justo Daract, Laboulaye, en la provincia de Córdoba, Colón, ya en la provincia de Buenos Aires, Pergamino, San Andrés de Giles y para finalizar en la ciudad de Buenos Aires.
Para el año 1976 Romeo Maestri contaba con 82 años de edad y tenía una pila de anécdotas sobre lo ocurrido en este arriesgado viaje de Mendoza a Buenos Aires. Pero, según palabras de Maestri, lo que les pasó en Colón superó todos los sucesos del viaje.
“Eran una noche de tormenta y los faros de carburo no alcanzaban a horadar la oscuridad. Marchabamos entre barro y cortinas de agua, subiendo y bajando terraplenes, como podíamos. Así anduvimos toda la noche, hasta que con las primeras luces del alba aparecimos cerca de un pueblo importante. Nos cruzamos con una vecina y le hicimos la pregunta de rigor: ¿en qué pueblo estamos? Entonces, la increíble respuesta: Colón. En ese momento mi mecánico agitó la manija del auto y la emprendió a golpes contra el despistado guía”, contaba en el año 1976, Romeo Maestri.
Cuando llegaron a Luján, Buenos Aires, pusieron al Hupmobile en condiciones para que luciera bien. Los valientes tripulantes fueron recibidos como héroes en el VI Salón del Automóvil. Descansaron y se recuperaron de la dura prueba que habían realizado. Una vez repuestos, ambos hombres, regresaron a Mendoza y pusieron a punto el legendario Hupmobile para realizar nuevos viajes. La prueba de fuego ya la habían pasado.
Fuente: archivos Clásicos y revista Autoclub.